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Retrato de Senegal a vuelapluma

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Retrato de Senegal a vuelapluma

Daniel Riu ha dibujado Senegal para Construye Mundo o al revés, Construye Mundo le ha enseñado el Senegal que plasma en su Cuaderno de Viaje, una obra realizada durante un viaje solidario de la ONG en 2019. En sus páginas, trazadas con la rapidez del viajero, pero también con la intuición del que mira un poco más allá de lo que ve, Senegal aparece colorido y espléndido, lleno de contrastes pero entrañable, inabarcable y familiar a un tiempo. En esta entrevista, Daniel recorre una a una sus estampas senegalesas y nos cuenta un poco de sus vivencias durante su periplo, que alternó paisajes bellísimos con la contundente realidad de los proyectos con los que Construye Mundo intenta modestamente reparar injusticias y desigualdades.

“El viaje surgió porque Pilar, mi pareja, es la responsable de Construye Mundo en Andalucía. Ella ya había ido más veces a Senegal y me propuso ir”, cuenta Daniel. “Ya había visto fotos y me había contado sus experiencias. A partir de ahí se me hizo atractivo, también porque colaboraba con la ONG desde hacía años y quería saber más de Senegal, conocer el país, la gente. Eso fue lo que me llevó a acompañarla”.

Los dibujos surgieron a continuación.“Hace unos años que he empezado a dibujar, a hacer este tipo de dibujo urbano, rápido, en la calle, de la vida de la gente, de las ciudades… Cuando planteamos el viaje me apetecía reflejar todo y hacerlo como se hacía antiguamente, antes de que hubiera cámaras y móviles, con un Cuaderno de Viaje, en el que se dibujaba y tomaban notas al lado de los dibujos, apuntando lo que veías”.

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1.- El resultado es esta colección estampas, que se abre con una portada que ocupan las mujeres de Senegal. ¿Por qué las escogiste?

Dibujé las mujeres para la portada del libro porque son el espíritu de Senegal. Son valientes, emprendedoras, entusiastas, animadas por la vida. Representan la situación del país. Hoy en día las mujeres son las que están llevando el peso de todo, debido también a la emigración, porque muchos hombres, muchos jóvenes, han tenido que marcharse a Europa y al final son las mujeres las que cuidan de los niños, la casa, siembran el campo, venden en el mercado y se apoyan entre ellas. En el libro quería reflejarlo y por eso las elegí para la portada.

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2.- Continúas con una miscelánea de objetos y cosas especiales, animales, comidas… ¿Por qué las elegiste?

Es un poco la introducción. Cuando llegué a Senegal empecé a ver cosas que me llamaban la atención y todo esto lo hice mientras nos desplazábamos en coche, yendo más hacia el sur. Quise recoger un poco esas cosas llamativas, desde los lagartos a los instrumentos musicales, o los termiteros que había al lado de la carretera. Los monos, algo de comida, la cerveza… porque a mí me gusta la cerveza y en todos los sitios adonde voy siempre bebo la cerveza del lugar. Lo que me llamó la atención es que es casi más barata que el agua embotellada. Y también la ceremonia del té. Con esto quise hacer una pequeña introducción al país para situarme.

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3.- A continuación nos llevas directamente a Salémata, en la Casamance, a un pequeño campamento de cabañas de paja y adobe.

Aunque era un campamento para turistas, estaba construido imitando un pueblo de la zona, que son más bien chozas hechas con adobe y techos de paja. Cuando íbamos hacia allí pasamos por poblados perdidos y al final acabamos llegando a algo parecido. Lo que quería reflejar aquí es la forma de vivir, cómo se organizan en las pequeñas aldeas. Hay muchísimas, está lleno de aldeas de este tipo, donde los niños, para ir al colegio, igual tienen que andar 10 kilómetros al día, o muchos más. En algunos poblados, la verdad es que me quedé impresionado, porque entrabas en una choza y no había nada. Una tela o dos en el suelo y ahí dormía toda la familia. No tienen nada, absolutamente nada dentro. De lo que yo conozco, el sur es lo más tradicional, ahí está también el País Bassari, que sigue manteniendo costumbres ancestrales. Es lo más auténtico.

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4.- Damos un salto y aparecemos en el mercado de Diaoubé, con sus tenderetes y tiendecillas. Un mundo en sí mismo.

Escogí este porque me llamó mucho la atención. Los mercados están al aire libre, pero también hay muchas pequeñas casitas o casetas, y en este me atrajo una que era un cine. Aparté un poco la cortina para mirar y vi todo en penumbra, claro, tapado con telas andrajosas y todo el mundo tirado en el suelo. Tenían un televisor con un DVD al lado y ahí estaba la gente viendo una película de hace un montón de años o algo así. En un mercado te pueden vender o te puedes encontrar cualquier cosa, hasta un cine.

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5.- La siguiente estampa nos conduce a los proyectos de Construye Mundo y, en concreto, al de ‘Mujeres Caminando Juntas’. ¿Cómo se ve todo esto directamente, sobre el terreno?

La iniciativa de Construye Mundo es interesante y muy acertada, porque las mujeres en Senegal son un pilar muy importante en la familia y en la sociedad, ellas son las que están sacando adelante la sociedad. Este proyecto de C.M. de formarlas para que puedan disponer de recursos financieros propios, de prestárselos para desarrollar proyectos, para montar su pequeño puesto en el mercado, o una pequeña tienda, o dedicarse a transformar los derivados del arroz es muy interesante, y así me lo confirmó el que en aquella reunión había un montón de mujeres. No cabían en el dibujo. Todas estaban muy interesadas en la iniciativa y algunas ya la estaban llevando adelante. La reunión fue muy entretenida, porque fue en medio de un pequeño poblado y cuando estábamos a la mitad, empezó a venir una manada de vacas y tuvimos que salir corriendo porque pasaron justo por allí. Tuvimos que volver a juntarnos todos.

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6.- En los siguientes dibujos nos sumerges en La Pouponniere y el Foyer de María Goretti, las iniciativas de las Hermanas Franciscanas en Dakar, con las que colabora Construye Mundo. ¿Qué viste allí?

Hice dos dibujos porque allí hay dos proyectos. Uno es el orfanato y otro el Foyer. Aquello es la excepción en el follón enorme de Dakar. Es un reducto de tranquilidad dentro del caos de una gran ciudad. En el hogar María Goretti se da una formación práctica a las chicas que no tienen recursos, que vienen de los pueblos o de otras zonas sin recursos. Aprenden un oficio para poder trabajar y ganarse la vida. Eran chicas muy jóvenes y la verdad es que me gustó el ambiente que tenían. Era divertido, estaban aprendiendo, me pareció una gran labor, porque los productos que hacían los tenían en un pequeña tiendecita y se podían comprar. Yo me compré una funda para la tablet que hacen con telas de Senegal y estoy encantado. Cada vez que la veo me acuerdo del viaje.

Y ellas trabajan también en el orfanato, donde acogen a niños de hasta año y medio de edad, abandonados o de familias con problemas y demás. Había un montón de niños. Esa tarde nos permitieron pasar a jugar con los niños y ayudarles un poco. Echamos toda la tarde y la ayuda era lo que he dibujado: todos los niños en el suelo, con mantitas, con juguetitos, con una cuidadora o dos para igual 20 o 30 niños. Cuando entré y me puse con ellos, lo que más querían era que los tocara, tocarme, buscando cariño, un abrazo. Si los dejaba y cogía a otro se ponían a llorar. Tenía que coger 3, 4, 5, 6 niños a la vez y abrazarlos. Casi se te saltaban las lágrimas, fue muy emocionante. Aun ahora me cuesta explicarlo, porque fue emocionante.

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7.- Emocionante como la siguiente imagen: la Isla de Gorée, la Isla de los Esclavos. “De aquí salieron casi 20 millones de personas rumbo a una vida de miseria y esclavitud”, escribes en tu cuaderno.

Aquí las emociones también se me dispararon, aunque eran muy distintas a las del orfanato, evidentemente. En cuanto empezamos la visita nos metimos en algunas casas, habilitadas como cuadras, pero en vez de para animales, para personas, y vimos como estaban distribuidas: los hombres fuertes en un lado, todos ahí hacinados, las mujeres separadas, los niños en otro sitio, los más débiles en otra zona… !Madre mía, cómo puede ser el ser humano! Traficar con personas, vender personas… No sé, me estaba imaginando la situación y se me ponía la piel de gallina. Me daba una sensación de tristeza, de indignación. Era tremendo.

Nos explicaron un poco cómo funcionaba: si alguno se ponía enfermo había un agujero por el que lo tiraban directamente al mar, como si fuera un animal inservible, que ya no valía para venderlo. De allí salieron millones de esclavos, recogidos de muchas zonas de África. Esa isla es, no sé como decirlo, pero supongo que es necesario a veces ver estas cosas para no olvidar las atrocidades que hemos hecho los seres humanos. La sensación que me invade en estos museos del Holocausto es de una tristeza total. La Isla de la Vergüenza la llaman.

Cuando trabajas en un ONG, tal vez esto nos sirve para decir, bueno, intentamos evolucionar un poco e ir a mejor. En cierta manera ponemos un granito de arena para intentar salir de estas cosas, aunque ahora siga habiendo otros tipos de esclavitud en África.

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8.- Pasamos página en el Cuaderno de Viaje y el contraste es total. Nos llevas al Lago Rosa. ¿Por qué lo elegiste?

Lo visitamos por eso, porque era un sitio emblemático y porque de allí salía la última etapa del rally París-Dakar. Tenía mucha curiosidad. ¿Por qué le llaman el Lago Rosa, será rosa de verdad o es un invento? Lo dibujé porque realmente sí que tiene muchos tonos de rosa. Es debido a un alga que fabrica una especie de pigmento de color rojo para absorber la luz del sol y da esa sensación rojiza, rosa. Y también lo dibujé por el contraste de que de allí salía el rally más famoso del mundo, porque realmente, allí está el lago y poco más, salvo algunas mujeres vendiendo souvenirs.

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9.- De la zona de Dakar nos conduces al norte, a la antigua capital de Senegal, Saint Louis. Historia y decadencia a un tiempo.

Saint Louis me gustó mucho, en especial algunas zonas de la ciudad, porque tiene muchos edificios de tipo colonial pintados de colores, de rosa, rojo, amarillo, violeta. Eso me gustó, como la vida que tenía la ciudad. La gente vive mucho en la calle. Y tiene un barrio de pescadores importante, donde hay cientos de cayucos. No sé, parecía un poco bohemia, había pequeños hotelitos con mucho encanto. Estuvimos tomando un cafetito y charlando con la gente. Y mientras estaba dibujando se acercaron varias personas: uno tenía una tienda de arte al lado, donde vendía lo que hacía. Le gustó como dibujaba, me trajo un té y estuvimos charlando un poco.

La ciudad tiene también actividades culturales, un Festival Internacional de Jazz… pero también es como todas las ciudades de Senegal, de muchos contrastes. Si te ibas a la zona de los pescadores, todo eran casas bajas, con muy pocas cosas dentro, con los cables de la luz colgando por todos lados y muchísimos cayucos de pesca, cientos y cientos. Muchísima actividad, muchísima gente… Es una ciudad que me gustó, me llevé una buena sensación.

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10.- Das otro salto en el Cuaderno de Viaje das otro salto y nos llevas hasta el Desierto de Lompoul, “con las dunas móviles más bellas de Senegal”, escribes al lado de tu dibujo.

Me apetecía visitarlo. No es un desierto muy grande, pero es un señor desierto. Estuvimos en unas jaimas donde te puedes alojar… Senegal está empezando a despertar con el turismo. Hasta ahora la mayoría de turistas eran franceses, pero cada vez llegan más persona de otros países y está empezando a desarrollarse. Aquí, en el desierto, tuvimos una experiencia chula, estuvimos en las jaimas, comiendo comida típica de Senegal, durmiendo allí, pero con ciertas comodidades.

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11.- Del desierto y la ausencia absoluta de agua nos llevas al lado opuesto, al Delta del Sine Saloum: “En la zona de Ndagane hay cientos de manglares creando un ecosistema único, con pelícanos, garzas, flamencos, cormoranes…” cuentas en el libro de este parque, uno de los seis declarados Patrimonio de la Humanidad que existen en Senegal.

Esta parte del viaje es, entre comillas, un poco más turística. Teníamos ganas de conocer otras zonas y ver el Delta por su naturaleza, por los animales que hay. Es impresionante. Son kilómetros de lenguas de agua que se meten hacia el interior y hay todo tipo de animales. Además, los tienes al lado. Las ostras se enganchan en los manglares formando unas estructuras muy curiosas. Fuimos con una lancha por todas esas zonas y es fantástico, es como un oasis en el desierto, tranquilo, bonito. No sé, parece que estás en el paraíso. Todas estas son las zonas a las que Construye Mundo lleva a sus Viajeros Solidarios. Por eso es muy interesante el viaje, porque aparte de poder visitar los proyectos que tiene en marcha la ONG y participar si te apetece en alguno de ellos, también tienes días dedicados al turismo para conocer bien el país y poder disfrutar de Senegal.

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12.- En la siguiente imagen nos trasladas a la Isla de las Conchas, un lugar mágico del que escribes: “Aquí conviven varias religiones y su singular cementerio así lo demuestra. Cristianos, musulmanes y animistas enterrados juntos”.

Aquí me sorprendieron dos cosas. Primero, la Isla de las Conchas en sí, porque son todo conchas. El suelo son miles, millones de conchas, es una acumulación que sorprende. Y, sobre todo, me llamó aún más la atención la armonía que tienen, y que también pasa en casi todo Senegal, entre las distintas religiones. Todos conviven juntos y no tienen ningún problema, como lo demuestra aquí el cementerio. Por eso hice el dibujo. Normalmente los cementerios son cristianos, musulmanes… están separados, en zonas distintas, pero aquí están todos juntos. Representa perfectamente la convivencia del país. Es un ejemplo de tolerancia que también lo he visto en otra zonas, pero aquí era más llamativo.

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13.- Este dibujo lo dedicas a Mbour, a orillas del Atlántico y otro punto caliente de la emigración a Europa. Un lugar multitudinario. “Llegada de los pescadores. Intensa experiencia”, escribes.

Esta zona representa muy bien todo lo que es Senegal, su manera de vivir. El sitio me impactó por todo, por el número tan grande de personas juntas, cada una buscándose la vida de una manera. Llegaban los barcos de los pescadores y había gente que se dedicaba a ir hasta el barco, coger las cajas de pescado y llevarlas a la orilla. Allí había otras mujeres sentadas en el suelo que cogían el pescado y ahí mismo lo limpiaban, tiraban las vísceras en la arena y otras venían y lo ponían en un puesto. Había niños vendiendo hielo, yo qué sé. Cientos, miles de personas. Para mí era un caos, pero para ellos seguramente estaba todo organizado.

Llamaban la atención los olores tan fuertes a vísceras de pescado podridas por el suelo, los plásticos, los cayucos. Y encima, de Mbour salen muchos de los cayucos que van hacia Canarias. En la ciudad hay muchísimas familias que han perdido gente en las pateras que iban en busca de una vida mejor. Por eso digo que representa todo, la pobreza, la manera que tienen de salir de ella, de huir. Lo puse en el dibujo: “Este no es un lugar para cobardes”, porque es un sitio que te impresiona cuando vas a verlo, pero a la vez me encantó. Me generó esas dos sensaciones, de pensar, ¡madre mía, dónde estoy! Y al mismo tiempo te gusta mucho. Era tremendo.

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14.- Y llegamos al final. Cierras el libro con un dibujo referido al País Bassari, a sus tradiciones, al animismo. Escribes, casi a modo de despedida, como un último mensaje de esperanza tras un gran viaje: “Todo ser viviente, planta y objeto posee alma”.

Sí, quería recoger un poco eso, que en Senegal, e un país donde la modernidad ya ha llegado, donde casi todo el mundo en las ciudades tiene móvil, a la vez se mantienen las tradiciones, ceremonias, ritos, costumbres ancestrales. Es un contraste muy interesante. En esta zona sigue habiendo reyes en cada aldea que velan por la justicia y el bien común. Podría ser un poco un mensaje de esperanza, porque el animismo lo que plantea es que a todo ser viviente, plantas u objetos se le atribuye un alma. Ese puede ser un mensaje bonito para seguir adelante y construir un país y un mundo mejor.

  

Jacinto Vidarte

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