Viaje El Delta del Sine-Saloum

FOTO MANGLARES

Keur Simbara es una población donde la ONG CONSTRUYE MUNDO ha financiado
la construcción de un pozo que nos estaba dando problemas. Se cavó hasta los 10,
15, 20 metros sin encontrar agua. Pero la perseverancia y la paciencia dio
finalmente su fruto con la llegada del milagro a los ¡¡35 metros de profundidad! Pero
ahora no vamos a hablar de eso, pues desde este árido ecosistema, viajaremos,
un poco más al sur, hacia otro muy distinto.
País de contrastes, Senegal nos obsequia con desiertos donde la naturaleza
sobrevive adaptándose a la crudeza más extrema y, a la vez, con lugares
paradisiacos en los que la vida sobra chorreando allá donde mires. Uno de estos
entornos es el Delta del Sine-Saloum.
El rio Sine es un afluente del rio Saloum, que es más largo y caudaloso. El Sine
fluye de norte a sur mientras que el Saloum lo hace de este a oeste. Ambos
confluyen a escasos diez kilómetros de la desembocadura en el Océano Atlántico.
El nombre de estos ríos tiene historia: el Imperio wólof de Senegal se organizaba en
cinco reinos desde el norte hasta el sur. Dos de estas comunidades eran
precisamente Sine y Saloum. En los reinos wólof, las mujeres tenían gran influencia,
pudiendo llegar a ser nombradas como Buur (reina) y gobernar el estado, toda una
lección para el supuestamente avanzado occidente.

FOTO RIO

El Delta del Sine-Saloum es enorme. Su ecosistema ocupa unas 200.000 hectáreas
y recorre un largo camino que va prácticamente desde las poblaciones de Kaolack y
Fatick hasta el rio Gambia. De todo este territorio, unas 146.000 hectáreas fueron
designadas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2011. De esas, 76.000
constituyen el Parque Nacional.

FOTO BARCO

Desde Keur Simbara llegamos a la población de Dangane, a la orilla del rio Sine.
Los coloridos barcos de construcción típicamente senegalesa entran y salen de los
muelles en un alarde de manejo náutico que convierte el caos en un orden
matemático de atraque y desatraque. Una de esas embarcaciones nos espera
amarrada al muelle con dos cabos. Embarcamos para navegar hasta el
campamento que la ONG CONSTRUYE MUNDO nos tiene preparado, el de
Essamaye, que se encuentra unas millas más al este y en el otro margen del rio.

FOTO MANGLARES

El tiempo es templado, agradable y el agua fluye tranquila. Como gran humedal
tropical, los manglares son los reyes del entorno. Proporcionan descanso, alimento,
protección a las infinitas aves que aquí habitan, ya temporalmente como especies

migratorias, ya como miembros permanentes del ecosistema. El barco se desliza
suave y no molesta a los flamencos ni a las espátulas que andan tranquilas entre la
vegetación que las islas fluviales albergan. Blancos pelícanos nos sobrevuelan con
la mirada puesta en la vida subacuática que nosotros apenas percibimos, salvo
cuando alguno de los peces salta fuera del agua asustado por nuestra navegación.
Verde de manglar y arbolado, azul de agua y cielo… y más verde, con el rojo y
amarillo de una bandera de Senegal que ondea al viento en la proa de nuestro bajel.

FOTO ENUNCIADO

-La aridez de los campos y la falta de agua.

-Los puertos de pescadores donde la vida fluye intensamente cada día.

-Las visitas a los orfanatos. Ver a esos bebes  me llenó de ternura y amor. 

FOTO CAMPAMENTO

Una maraña de canales de manglar llamados “bolongs”, formados por pequeños
afluentes y decenas de islas de todos los tamaños, configuran una red de
inescrutables caminos de agua rodeados de selva, árboles y sabanas que son el
hábitat de una fauna salvaje que discurre discreta tras esa pantalla de protección
verde. No es extraño que el exuberante Delta del Saloum sea conocido también
como la “Amazonia senegalesa”.
La difícil configuración de esta enmarañada zona, hace difícil cualquier intento de
control por parte de las autoridades, que poco o nada pueden hacer para frenar las
habituales salidas de cayucos, hacia las Islas Canarias, que usan este entorno para
preparar y emprender sus travesías. Esta es la principal lacra de Senegal. Los
mejores jóvenes se marchan a un destino incierto en busca de un paraíso que
desconocen y que en muchos casos se transformará en muerte. La situación no
cambiará hasta que los senegaleses puedan venir con normalidad a Europa, para
poder darse cuenta de que los humanos fabricamos los paraísos sobre cimientos
débiles de imaginación y deseo que transformamos en una esperanza idealizada.
Sin duda Senegal también puede ser un reto de vida donde encontrar un oasis en el
desierto, y precisamente para abrirse a esa posibilidad esta CONSTRUYE MUNDO
y nosotros.
Tras una larga navegación sorteando islotes de manglares, arribamos a nuestro
campamento de Essamaye. Un embarcadero de madera junto a un rio trasparente
repleto de pequeños peces nos conduce hasta unos lugareños que nos sonríen y
nos dan la bienvenida con cariño, es la teranga senegalesa que está en todas
partes, hospitalidad, calidez, acogida.

FOTO CALLES DE ARENA

Estamos algo hambrientos y pensamos en la cena de esta noche: Lubina al estilo
thieboudienne. Parece que este campamento tiene uno de los mejores cocineros del
país y, desde luego, la mejor disposición del mundo para que nos encontremos a
gusto. En un par de días continuaremos viaje hacia Palmarín, en la costa atlántica, y
probablemente les echaremos de menos… Pero ahora vamos a disfrutar de esta
Isla de Mar Lojd uno de los lugares más hermosos de Senegal.
Hace bastante calor, aunque la intensidad con la que vivimos esta experiencia nos
hace insensibles a él. Un horizonte lejano se percibe desde la inmensa llanura que
atravesamos en un pequeño carro tirado por un caballo. Llegamos a la humilde
aldea de Mar Fafaco. Intercambiamos saludos y entablamos conversación con la
gente, visitamos su escuela, su centro de salud, andamos hasta la orilla sur de la

isla y aprenderemos de las mujeres como pescar con una simple botella de agua.
Los niños se ríen al ver que nosotros no somos capaces de hacerlo como ellos y
nos enseñan.IMG

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