Quería ver cómo les iba a una ONG con la que colaboramos hace años y que se dedicada a enviar libros gratis allá adonde fueran requeridos. La encontré en el Google, en una página de voluntariado y cliqué… Al abrirse el sitio de Internet, la vista abandonó lo que buscaba y se me fue a otro lugar y a otro tiempo…
Me vi andando por Senegal, por los recuerdos que tenía de aquel país… Concretamente mi mente me llevó a un mercado de Dakar donde lo de menos era comprar, sino experimentar la vida del país… Paseaba con Abdou por una gran explanada con cientos de puestos sobre telas en el suelo y otros tantos en improvisadas construcciones de madera y lona, ofreciendo pescado seco, carne recién despedazada, frutas de fantasía, verduras inventadas… y especias… unas especias que, fundiendo sus colores con los de los vestidos de las vendedoras, invadían, con su aroma, el denso ambiente de un paraíso humano donde no había nada que desechar, y donde los sentidos no podían hacer otra cosa más que dejarse llevar… A un lado, como límite de esa amalgama de comercios ambulantes, una calle de la ciudad con bajos edificios de tiendas y bazares en los que se ofrecían desde una radio a pilas o un reloj pulsera, hasta una marmita metálica para cocinar el “Yassa” (una especie de sabrosísimo potaje de pescado) …


Abdou era mi amigo aquí. Se ocupaba de consignar barcos, es decir, de asistirlos en Dakar frente a cualquier necesidad o trámite. Yo era un joven piloto de la marina mercante y él, algo mayor, pasaba horas contándome de la vida tal y como la veía… Recuerdo que mirábamos los árboles y él me decía: “Mira que cerca los tenemos… podríamos ir y tomar directamente la fruta que nos dan y comérnosla… Pero en lugar de eso nos complicamos la vida comprándola en lugares lejanos, desde donde debemos traerlas con camiones, que tenemos que fabricar para ello, y que funcionan con combustibles que tenemos que extraer y que nos contaminan… Qué manera de complicarse la vida ¿no te parece? …” . A Abdou se le saltaban las lágrimas (y a mí también al verlo a él) cuando me hablaba del descenso del número de elefantes a causa de los furtivos y los cambios en su hábitat… “Estamos acabando con ellos”, me decía. Pero luego reía agradecido cuando le regalaba unos “poulets” (pollos) congelados respondiendo a los ricos mangos que él me traía…
Y es que cuando llegué a aquella página de voluntariado, encontré a Construye Mundo. Se trata de una ONG que, en el marco de la cooperación y desarrollo de las comunidades africanas más vulnerables, organiza viajes solidarios a Senegal… Y una cosa llevó a otra y aquí estamos, de nuevo empapados de Senegal y esperando visitarlo pronto. Y vuelven a aparecer aquellos colores… aromas… personas… que viven, sin saberlo, en el recuerdo de alguien que los llevará para siempre en el alma… Y volvemos a llorar, pero ahora de alegría, con la noticia de que un reaparecido elefante senegalés, está paseándose y “hablándonos” delante de una cámara oculta en el Parque Nacional Niokolo-Koba, al sureste de Senegal. “OUSMANE” es el nombre que le han dado al elefante solitario; significa “sabio” o “elegido de Dios”… Todo un signo de esperanza.
Juan Nicolau



